Estimados Señores,
el texto que sigue es en su esencia controvertido. Todo es verdad, pero reservada. Sólo yo tengo derecho a precisarla, complementarla e incluso revocarla totalmente. No recomiendo leer mis apuntes y más aún mirar mis cuadros a personas de creencias rígidas y constantes, que esperan de la vida una confirmación de la ya adquirida sabiduría.
Nací en 1970 gracias a la iniciativa de unas personas estupendas. Weronika, mi madre y también mi profesora me ofreció más de 267000 horas de enseñanza gratuita sobre la vida y la muerte. Mikolaj, mi padre, se hizo santo en vida, sacrificó su existencia a la sociedad, lo que limitó de forma efectiva nuestros mutuos contactos. Afortunadamente teníamos tiempo para viajar por toda Europa y para clases del arte de la dignidad personal. Mi madre no me dejó ir a la guardería infantil, por eso, aburrido, mostraba mis valores masculinos a las chicas en el patio a cambio de dulces, aplausos y simpatía.
En la escuela primaria ya no fue tan fácil. Las profesoras eran feas y las amigas demasiado altas. Así que con mucho placer me empecé a dedicar a la actuación. Participé tan sólo en ocho películas, pero eso me llevó cinco años ya que solamente la producción de la serie "Siete deseos", en la cual jugué el papel principal, duró más de dos años. El resto eran papeles secundarios y episodios, o sea normales, como en la vida. Durante el rodaje de las películas fui desmoralizado totalmente. Afortunadamente, en aquel tiempo no asistía a la escuela estatal, lo que me salvó de la doctrina y del amaestramiento.
En vano traté de ser electrónico. Me expulsaron de la escuela técnica cuando se dieron cuenta de que no sabía matemáticas. Por suerte acabé en un colegio dominado por mujeres. En estas circunstancias finalmente pude dedicarme a estudiar. Me presenté dos veces a los exámenes para la Escuela de Cine de Lodz y dos veces pasé los exámenes de dirección, pero por suerte nunca fui admitido y no quiero saber por qué. Soy también un psicólogo malogrado ya que durante dos años no conseguí aprobar el primer semestre. Por fin conseguí el diploma en la facultad de periodismo de la Universidad de Varsovia, pero esto me llevó ocho años. Tengo que admitir que hice esta elección más por pereza que por convicción.
Mi vida profesional también fue muy caótica. Fui un tal llamado "biendotado" gráfico, un casi competente reportero, un pinchadiscos muy popular en la radio local de más baja audiencia y también organizador de fiestas de promoción. Dos años de trabajo en una agencia internacional de publicidad total cierran este difícil período de maduración y formación o más bien deformación de personalidad.
A mediados del año 1995 volví a la fotografía, o mejor dicho, a su destrucción. Nos encontramos en una exposición de trabajos que surgieron de fotos recogidas durante los últimos quince años, o quizás incluso desde mi nacimiento. Se puede encontrar allí rastros de viajes por toda Europa y América del Norte.
En 1996 decidí exponer por primera vez. Pocas personas pudieron ver antes mis fotografías, pero llegó el momento en el cual quiero mostrar lo que me desgarra el alma y el cuerpo. Pueden ustedes fusilarme ahora, aunque no soy entusiasta de tal final, ya que este camino es tan sólo el comienzo.
¡Practicar! ¡Hacer gimnasia!
Todas las mañanas hay que amanecer consciente
de unas cuantas tonterías y por la tarde hay que enamorarse. Las apariencias no son importantes, aunque son ellas las que en su mayoría forman nuestra realidad. Cada prueba de imponer el orden en el mundo se va a encontrar con una decisiva duda de mi parte. En cuanto observo en mi comportamiento cualquier base más o menos estable, la destruyo enseguida. Sin embargo, para que esto no se convierta en base, algunas de ellas las mantengo con vida por el tiempo necesario y después, en el momento menos esperado, se las dejo a alguien necesitado. Estoy huyendo no de la verdad sino de los nombres, mientras más nombres haya, el mundo se hará cada vez más pequeño. Se encoge ante nuestros ojos y nosotros nos quedamos esperando sin hacer nada hasta que desaparezca como las palabras que ya se han dicho. No me gusta esperar. No me lo puedo permitir. Estoy aquí sólo por un momento. Soy un cortocircuito, fragmento de las tripas de alguien, el sueño de alguien, su fantasía, la cual desaparecerá con la misma rapidez que surgió. Soy un hombre feliz de una sorprendentemente baja utilidad social. Es resultado de una evidente falta de necesidad simbiótica con la realidad. Me importa solamente la amistad sincera y el amor basado en impulsos irracionales. Como todos, necesito compañía en este fantástico viaje al cementerio.Quiero agradecerles su desinteresada sinceridad gracias a la cual podemos protegernos contra discusiones innecesarias y conflictos que puedan surgir de ellas.
Daniel Dyzma Kozakiewicz
DDK©2004, Lima, Perú